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domingo, 19 de junio de 2016

Ser pareja



Montse

A partir de ese momento bromearon entre ellos recurriendo a unas fórmulas que no comprendía y me dejaban de lado. Y de repente los vi como una pareja enamorada, muy feliz, con un secreto propio tan secreto que incluso ellos mismos desconocían. Volví a ver el patio de cuando éramos niñas. Volví a ver a Lila y a Enzo mientras rivalizaban por obtener la mejor nota en aritmética ante los ojos del director y la Oliviero. Volví a verlos mientras él, que nunca lloraba, se desesperaba por haberla herido con una piedra. Pensé: Su manera de estar juntos proviene de lo mejor del barrio. Tal vez Lila tenga razón en querer regresar.
Las deudas del cuerpo, Elena Ferrante
(Lumen, 2014) 

En mi proceso de desarrollo personal, estoy realizando con una amiga un trabajo de exploración emocional. Me invita en estos días a reflexionar sobre las relaciones de pareja. Comparto en el Blog lo que pienso y siento sobre este tema, pues contarlo es otra forma de realizar este trabajo.

¿Qué es para mi una relación sana de pareja?

Aquella en la que priman el respeto, el amor y la individualidad de cada uno. En la que cada componente de la pareja tiene su propio espacio personal (tanto físico -una habitación/casa, zona propia-  como metafórico: sus amigos, sus horarios, sus aficiones, su ideología, sus valores y principios...)

Una relación en la que también haya espacios compartidos y deseo de compartirlos, pues no sólo somos amigos que nos queremos.

Una relación en la que el afecto se muestre y demuestre cada día, con abrazos, caricias, besos, miradas, buenas palabras, sonrisas, apoyo, aceptación.

Es también un espacio de aprendizaje y de puesta a prueba; una oportunidad para conocernos mejor, de crecer juntos. Aceptando que, con los años, ese crecimiento puede conducirnos a llevar caminos separados, pues nunca dejamos de ser personas individuales.

Es una relación en la que las penas, la tristeza, los problemas, también están presentes; sin convertirlos en un lastre o en un arma arrojadiza. La vida, a veces, nos duele, y es bueno tener la capacidad de saber si en un momento concreto tu pareja necesita que la apoyes dándole consuelo o dándole espacio.

La pareja sana es aquella que disfruta junta de la vida, porque cada uno de sus componentes es capaz de disfrutar por separado.

Es la que se demuestra amor, cariño, afecto, con cada gesto, palabra, decisión; no sólo con el sexo (que también).

Es la que respeta la decisiones, pensamientos, ideas, creencias del otro, aunque no siempre los comparta. La que se apoya mutuamente a lo largo del camino que han decidido seguir juntos, porque es una decisión libre que  renuevan a cada paso.

¿Es, por tanto, la pareja perfecta del cine y la literatura, la del y fueron felices y comieron perdices?

No, la vida no es así de fácil. De hecho, los cuentos, las películas, terminan justo cuando la pareja decide iniciar su camino en común, porque lo que viene después es menos fotogénico.

Hay altibajos en la relación (porque los tenemos con nosotros mismos); hay momentos, épocas, que pueden ser monótonos o aburridos, tensos, estresantes, tristes. Hay días en los que te preguntas qué es lo que viste en esa persona que es tu pareja y a la que -hoy- no reconoces.

Y también hay días en los que -sin saber cómo ni por qué- vuelves a enamorarte. No como la primera vez, sino con el amor, la experiencia, el deseo de lo ya vivido y que es una promesa de lo que queda por vivir. Un enamoramiento más profundo, más intenso, más sabio.

Son esos re-enamoramientos los que te confirman que sí, que quieres seguir tu camino junto a esa persona, que sigue valiendo la pena. Por un día más.

Como es habitual, termino mi entrada con una canción. Let's call the whole thing off (Dejémoslo correr, en una traducción libre), de los hermanos Gershwin, George e Ira. En este caso cantada por Willie Nelson y Cyndi Lauper ¿pueden dos artistas tan diferentes entre sí, sonar mejor? Eso es ser pareja, seguir siendo uno mismo en un proyecto de dos.

At the Gershwin Prize Award show won by Willie Nelson, November 19, 2015

 

sábado, 11 de julio de 2015

Nuevo


 


  Montse 

Brienne tenía unos ojos grandes y muy azules, los ojos de una niña, confiados e inocentes, pero el resto de sus rasgos eran bastos y desproporcionados: tenía los dientes prominentes y desiguales; la boca, demasiado ancha y los labios, tan gruesos que parecían hinchados. Un millar de pecas le cubrían las mejillas y la frente, y le habían roto la nariz más de una vez. El corazón de Catelyn se llenó de compasión. «¿Hay en la tierra criatura tan desafortunada como una mujer fea?»

Y aun así, cuando Renly le quitó la capa desgarrada y le puso sobre los hombros otra con todos los colores del arco iris, Brienne de Tarth no parecía sentirse desafortunada. Una sonrisa le iluminaba todo el rostro.

—Mi vida os pertenece, Alteza —dijo con voz fuerte y orgullosa—. De ahora en adelante seré vuestro escudo: lo juro por los dioses, los antiguos y los nuevos.
Choque de reyes (Canción de Hielo y Fuego 2), George R. R. Martin
(Gigamesh, 2012) 

En mi entrada anterior mencionaba que las niñas "dulces" no suelen gustarme porque es un término que asocio a ñoñería, a pasividad, al estereotipo de la feminidad más sumisa. Y tras los comentarios de una buena amiga sobre tal asociación, quizá debería matizar mi percepción...

No digo que no se pueda ser dulce y fuerte a un mismo tiempo, sino que me identifico más con las mujeres fuertes, independientes y proactivas.

Ese es uno de los motivos por los que he elegido a Brienne de Tarth para esta entrada. Quien haya leído los libros de Canción de hielo y fuego, popularizados por la serie de TV Juego de tronos sabe perfectamente que Brienne no es dulce en absoluto; es más, para ella incluso es un insulto que pueden considerarla femenina, o que la traten como a una mujer.

Tal y como se cuenta en los libros, ella fue consciente -con dolor y pesar- del impacto que generaba su aspecto físico con los demás, especialmente en los hombres. Por ello, el aprender a luchar, el asumir un rol masculino fue su arma para protegerse del mundo. Porque, en ocasiones, si no siempre, la fortaleza es la herramienta que utilizamos para enmascarar nuestra suavidad, nuestra vulnerabilidad, nuestra dulzura... De manera, que la coraza del guerrero es algo más que un símbolo de protección.

Sin llegar a tales extremos -yo soy una mujer y como tal me comporto y me gusta que me traten (definir qué implica ser tratada como mujer es bien simple: como persona digna de respeto... sin más)- me siento muy cercana a ella, a su forma de posicionarse en el mundo y de defender su individualidad. Para mi -junto con Arya Stark, otra mujer guerrera y fuerte- es el personaje femenino más atractivo de la saga, aunque no sea uno de los protagonistas.

El otro motivo por el que la elegí es por el tema de esta entrada, nuevo. Compré hace unos días el muñeco de Brienne (también tengo el de Arya, que me lo regaló mi cuñada hace un par de semanas). Pensando en cómo enfocar el tema, qué cosas nuevas hay en mi vida, me centré en lo más obvio, lo material. Y lo más nuevo son el tatuaje que me hice hace 10 días y esta figura de Brienne que me regalé justo cuando salí del tatuador (la tienda está enfrente)

     
El tatuaje refleja la misma dualidad. La fortaleza y la determinación, por un lado, y la suavidad y la delicadeza, por otro. Al final, no me va a quedar otra que aceptar esa doble vertiente de mi. Que puede parecer fácil, pero no lo es...

Muchas mujeres que conozco -tanto en persona, como a través de los medios de comunicación o de la literatura- reflejan un camino inverso. De su vulnerabilidad parten para ganar fortaleza, asertividad, confianza en sí mismas. En mi caso, el camino es utilizar esta fuerza y esta seguridad para aceptar mi vulnerabilidad, mi parte más necesitada de ayuda y apoyo de los demás... En ello estoy.

Para terminar, una canción que habla de ese camino de convertirse en una mujer fuerte.


Brand New Me, de Alicia Keys (2012)   

 

martes, 3 de febrero de 2015

Selfie invernal




Montse

Porque sería un verdadero placer examinar el retrato. Podría así penetrar hasta en los repliegues más secretos de su alma. El retrato se convertiría en el más mágico de los espejos. De la misma manera que le había descubierto su cuerpo, también le revelaría el alma. Y cuando a ese alma le llegara el invierno, él permanecería aún en donde la primavera tiembla, a punto de convertirse en verano. Cuando la sangre desapareciera de su rostro, para dejar una pálida máscara de yeso con ojos de plomo, él conservaría el atractivo de la adolescencia. Ni un átomo de su belleza se marchitaría nunca. Jamás se debilitaría el ritmo de su vida. Como los dioses de los griegos, sería siempre fuerte, veloz y alegre. ¿Qué importaba lo que le sucediera a la imagen coloreada del lienzo? Él estaría a salvo. Eso era lo único que importaba.
Volvió a colocar el biombo en su posición anterior, delante del retrato, sonriendo al hacerlo, y entró en el dormitorio, donde ya le esperaba su ayuda de cámara. Una hora después se encontraba en la ópera, y lord Henry se inclinaba sobre su silla.
El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde
(Alianza editorial, 2010)

¿Es la cara el espejo del alma? Siempre me ha fascinado El retrato de Dorian Gray, en la que el protagonista mantiene siempre una imagen angelical, joven, inocente, mientras que su retrato refleja no sólo el paso de los años, sino su depravación creciente, sus vicios, sus crueldades. Una novela previa al concepto de sombra descrito por Carl Jung, pero que habla de este arquetipo de una forma fascinante.

La diferencia entre Dorian Gray y el resto de nosotros, es que él contaba con el cuadro para ver su sombra... y se recreaba en ella. ¿Y nosotros? hacernos conscientes de nuestra sombra es un proceso complejo y doloroso. En primer lugar, porque no es fácil acceder a esa parte de nosotros que -por definición- está oculta (aunque sea la base de nuestros comportamientos, juicios, actitudes...) y, en segundo lugar, porque en este mundo desquiciado en el que vivimos, nuestra sombra nos asusta porque nos hace ver cómo somos a nivel instintivo, sin el matiz de la educación o de la civilización... y no siempre es agradable, aunque sí sano.

Para conocerse a uno mismo, para crecer como personas, en algún momento debemos enfrentarnos a nuestra sombra, a aquello que no nos gusta de nosotros... pero que forma parte de nuestro ser por completo y de manera indisoluble. Asumir e integrar esa parte más instintiva e irracional, nos permite reconocerla en nuestras reacciones y trascenderla cuando sea necesario; o utilizarla en nuestro provecho cuando nos venga bien... porque a veces es saludable ser "algo salvajes". 

En este proceso de autodescubrimiento y crecimiento personal he tenido momentos difíciles (los sigo teniendo), momentos de revelación, de resistencia, de bloqueo, de negación, de superación, de plenitud, de reconocimiento, de lucha, de aceptación, de vanidad, de superioridad, de no entender nada, de creer que ya había llegado, de perdón, de culpa... Y de ninguno de ellos me arrepiento. Son experiencias e hitos en mi camino, en el que estoy y en el que sigo aprendiendo y dando gracias porque, en este camino, voy encontrando gente fantástica que me acompañan y me enseñan, incluso cosas que no querría aprender...

Este último fin de semana he estado en Madrid (donde tomé la foto) en un taller en el que he aprendido mucho sobre mi. Hace años descubrí el Eneagrama por casualidad y se ha convertido, para mi, en una poderosa herramienta de autoconocimiento y crecimiento personal... no siempre fácil ¿pero qué reto lo es?  

Para concluir la entrada de esta semana, una canción de Rosana, cantante que siempre transmite una gran positividad y alegría, aunque -es mi impresión- conociendo la parte oscura de la vida y de sí misma.

Rosana, Sin miedo (Lunas rotas, 1996)